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El susurro de Willow para el mundo

Esto fue todo lo que viste al principio, o quizá todo lo que tu mente pudo asimilar de una vez- no una imagen entera, sino pedazos y fragmentos manejables. Viste una silueta grande y blanca como un bulto en el costado de la ruta. Viste un revoltijo angular de piernas, rodillas, nudillos, codos, cascos y costillas. Viste un cuerpo abatido, exhausto cuya respiración era tan superficial como para ser virtualmente indistinguible del constante tiritar que lo recorría con un estremecimiento tan débil que parecía agitado por el movimiento de una brisa pasajera y no por el trabajo interno de músculos luchando y peleando por mantener el cuerpo caliente y vivo. Viste una pálida maraña de cortes y rasguños extendiéndose desde el cuello, bajando por la espalda y los costados, la marca de la prisa del esquilador para tomar la última cosa que podía robar de una alpaca moribunda – su abrigo, la única defensa que le quedaba en el mundo – antes de tirar su ahora “inútil” cuerpo en una zanja afuera de los portones del santuario dejándola morir de frío. Viste un absceso hinchado en su mejilla derecha y una profunda hendidura en el puente de su nariz por toda una vida de llevar un apretado arnés que sólo recientemente había sido removido.

Y finalmente, a duras penas, cuando abrió sus ojos y te miró en una súplica silenciosa, pestañeando suavemente, irradiando su mirada herida sobre ti con una desesperación tan intensa que estaba al borde del sonido, viste, como debías hacerlo, la cara de una joven vida profanada. Un interminable minuto después, cuando ella cerró sus ojos de nuevo con una infinita fatiga, viste simplemente un alma sufriente. Esta alma sufriente. Willow.

La envolvimos en mantas, colocándola en el establo más cálido, la rodeamos con botellas de agua caliente, y comenzamos a darle antibióticos de amplio espectro y medicamentos anti inflamatorios. Después de unas horas de constantes cuidados, su respiración se hizo más fuerte pero su temperatura seguía por debajo de lo normal, y ella seguía lánguida, desorientada e incapaz de sostener su propia cabeza, necesitando ayuda hasta para permanecer en posición horizontal.

Pero, para el anochecer, comenzó a mejorar—bebió unos pocos sorbos de agua, comió unos puñados de alfalfa, y se volvió más alerta con cada bocado. Era imposible no regocijarse viéndola  juntar suficiente fuerza para sentarse, suficiente voluntad para alimentarse a sí misma, y suficiente esperanza para mirar alrededor, si no con interés, por lo menos con una mínima participación. Pero también era imposible olvidar que su condición era lo suficientemente seria como para que probablemente no pasara la noche.

Sorprendentemente, no sólo sobrevivió la noche, ella se despertó hambrienta, sedienta y, a pesar de la profunda, persistente debilidad, aceptó con entusiasmo cada bocadillo y absorbió cada pedacito de afecto con el intenso impulso del famélico, pidiendo más, empujándote gentilmente si parabas de acariciarla, extendiendo su cuello de cisne hacia ti y apoyando su cara contra tu mejilla como si te invitara a besarla, acariciando tu nariz con el vello de su nariz, haciendo un intenso contacto visual como si tratara de leer algo importante en tu mirada – o comunicarlo—y, cuando toda esta actividad la dejaba exhausta, ella simplemente se apoyaba en ti como si el alimento del contacto amoroso fuera suficiente para sostenerla. Y hacia media mañana parecía lo suficientemente fuerte como para soportar el difícil viaje al veterinario donde tenía programados estudios, evaluaciones, un diagnóstico,  un tratamiento y, esperábamos ansiosos, una cura.

El diagnóstico fue tan rápido como grave, y el pronóstico era pobre – ella había sido hambreada por tanto tiempo que sus órganos probablemente estaban irreversiblemente dañados y sus posibilidades de sobrevivir eran escasas a nulas. No había nada que pudieran hacer por ella en la clínica que no pudiéramos (y no hubiésemos) hecho en casa – mantenerla caliente, estimular su sistema con fluidos intravenosos  calentados ligeramente y rondas adicionales de Baytril y Banamina – así que la envolvimos en mantas, la colocamos en la parte trasera de la minivan, y la llevamos a casa donde por lo menos podría descansar tranquilamente, lejos del ruido y el estrés de la bulliciosa clínica veterinaria..  

Ella estuvo casi vivaz durante el viaje, sentada, girando el radar de sus orejas para captar cada sonido, y mirando el oscurecimiento del paisaje que se desplegaba fuera de la ventana, observando silenciosamente hasta que los campos y las calles y el cielo desaparecieron en la temprana noche invernal y la única imagen que quedó en la ventana fue su propio reflejo.

De vuelta en casa, la acomodamos en una cama de almohadones, mantas y almohadillas térmicas, tomamos turnos para cuidarla por la noche, sosteniéndola mientras flotaba dentro y fuera del sueño, asegurándonos que se durmiera en brazos amorosos y despertara en una cuna del mismo cálido abrazo. Durante la noche, ella se mantuvo deseosa de compartir, conectar y comunicar – mirando intensamente en tus ojos, apoyándose confiadamente en ti, tocando narices y aspirando la brisa de tu respiración como si inhalara no sólo aire sino algún conocimiento esencial, alguna fuerza vital que encontraba en el amor de sus cuidadores, y respondiendo con las caricias de su propio suave aliento. Y, desgarradoramente, a medida que su letargo se profundizaba, ella se volvía más, no menos, curiosa y comprometida, como si se obligase a aprender algo importante sobre la luminosidad de su nueva vida donde todavía cualquier cosa pudiera pasar – esta vida que finalmente liberaba su néctar justo cuando ella estaba muriendo—como si esperase estar presente para este amor que estaba ahora, sorprendentemente, rodeándola en una inverosímil abundancia, y para experimentar esa absoluta devoción que estaba allí cuando se dormía y, asombrosamente, seguía ahí cuando despertaba.

En nuestros dos días y noches juntos, escuchamos la voz de Willow sólo una vez. Ella se había despertado de un sueño corto y levantó su cabeza para tocar narices de nuevo y para respirar en la amorosa presencia de amigos, cerrando los ojos y mirando con una nueva intensidad como si te confiara algo urgente. Y entonces dejó salir la pluma más suave de un suspiro, el susurro más dulce, la más melodiosa de sus 86.400 respiraciones, un sonido de tan dolorosa pureza e intención que se sintió como bendición. Un sonido que tu mente no podría, no se atrevería, a tomar como una nota perfecta sino que tendría que romperlo en pedazos y fragmentos manejables – allí estaba la sentencia de su último aliento, allí estaba el sordo estrujar de su cuerpo colapsando en la nada, allí estaba el terrible  vacío de sonido que le siguió, el  aplastante silencio de una vida aquietada. Y entonces, tiempo después de que su último susurro agitara el aire, tú finalmente lo escuchaste. El suave gemido de todo lo que es puro y quebrado, encadenado, hambreado, aplastado, enterrado vivo bajo la destrucción de nuestros imprudentes apetitos, todavía respirando su fatigado aliento bajo el edificio colapsado  de nuestra humanidad, y todavía hablando de amor, y todavía  pidiendo ser escuchada. Escúchala. Es la única auténtica voz que jamás escucharás, la única cosa verdadera en tu vida, y la única guía para salir de la oscuridad de una humanidad que saborea la angustia de seres como Willow como un gusto, una moda, una diversión. Escúchala. Es tu propia voz.

Joanna Lucas
© 2012 Joanna Lucas
Willow's Whisper to the World
Translated by Melanie Mara Berbel and Soledad Moretti


Si vivir éticamente es importante para ustedes, por favor recuerden que no hay nada compasivo en la ganadería “humanitaria”, del mismo modo del que no hay nada ético o defendible del consumo de productos de origen animal. Cuando nos enfrentamos ante la injusticia fundamental inherente a toda la ganadería - un sistema que se basa en infligir un sufrimiento enorme, intencional e innecesario y la muerte a miles de millones de individuos sintientes - la única respuesta ética es hacer el esfuerzo de detenerlo, haciéndonos veganos, no regulándola apoyando métodos “mejorados” de producción de lácteos, huevos, carne, lana, seda, miel y otros productos animales. Para más información, por favor lee The Humane Farming Myth. Vive vegano y educa a los demás para que hagan lo mismo.